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Trae mucho veneno el PAN en el aguijón
Sección: Nacional
Fecha de publicación: 04 de Diciembre de 2018

VICENTE BELLO.- Le picoteaban la cresta los del PAN. Ya. Ya. Todo el curulerío panista mostraba cartelitos azules pidiéndole a Andrés Manuel López Obrador, que bajara el precio de las gasolinas. Y éste, entonces, desde la tribuna, les reviró: “Ahora resulta que los que aumentaron el precio a las gasolinas están pidiendo que baje”…
Una ovación rugió de las curules de Morena, Pt y Pes. El recién investido presidente de la República, desde su primer discurso, respondía a un partido que ha estado apostando a la desmemoria, una y otra vez.
Fue el Partido Acción Nacional junto con el PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y PVEM, los que en octubre de 2016 aprobaron en San Lázaro y en el Senado reformas fiscales para que a partir de enero de 2017 los precios de las gasolinas y el diésel se incrementaran más allá de los 18 pesos por litro. Precios que ahora rondan, la más cara, en los 21.70 pesos.
López Obrador completó su revire al curulerío panista: “Hago el compromiso responsable, que pronto, muy pronto, cuando terminemos la refinería que vamos a construir en México y se rehabiliten seis refinerías, va a bajar el precio de la gasolina y de todos los combustibles”.
El PAN se la había pasado aguijoneando desde el principio. Sacaron una manta diciendo que Maduro, presidente de Venezuela, no era bienvenido a México, a pesar de la invitación que le había hecho López Obrador a su toma de protesta.
Se ha cebado tanto el PAN contra Nicolás Maduro que incluso, desde sus filas, han admitido que mucho de ese posicionamiento es para quedar bien con los Estados Unidos. Para hacerse notar ante personalidades que ahí estaban, invitados, como Mike Pence, vicepresidente gringo, y Felipe VI, rey de España. Ambos, con tremendos intereses trasnacionales en México, relacionados con el sector energético.
Los panistas han pretendido a toda costa hacerse pasar como los opositores únicos de este gobierno que comienza. Asumen una oposición como la que asumieron en 1939, año de su fundación.
El PAN nació prohijado por los Estados Unidos, como brazo político al interior de México para combatir la nacionalización del petróleo de marzo de 1938. Y para aguijonear al sistema político mexicano para revertir algún día la decisión histórica aquella, cosa que consiguieron en 2014 con ayuda de Enrique Peña Nieto y el malhadado PRI.
López Obrador enterró la pica en el lomo del PAN cuando, haciendo mención explícita de los presidentes de origen panista Felipe Calderón y Vicente Fox, dijo también: “Tampoco, que se oiga bien y que se oiga lejos, tampoco vamos a endeudar al país.
“Cuando terminó el sexenio del presidente Fox la deuda pública –esto no se sabe, pero no está de más recordarlo– era de 1.7 billones. Cuando dejó el gobierno Calderón, la deuda aumentó a 5.2 billones, más de 200 por ciento. Y en esos dos sexenios fue cuando se recibió más dinero por la venta de petróleo al extranjero y todo se derrochó o se fue por el caño de la corrupción”.
Y cuando decía esto López Obrador, fue acaso el único momento en que Enrique Peña Nieto pudo zafarse de su azoro y conmoción, y mirando a su izquierda, donde lo flanqueaba Martí Batres, presidente del Senado, a éste algo le dijo, asintiendo con la cabeza. Y Martí le devolvía el gesto, asintiendo también.
Por sobre los resultados de Peña en materia de endeudamiento –esto proyectó Andrés Manuel en su respuesta a los aguijoneos envenenados de los panistas-, los más culpables de la situación de deuda han sido Fox y Calderón.
Pero el presidente de la República continuó: “Ahora la deuda es de 10 billones. Nada más para pagar el servicio de esa enorme deuda tenemos que destinar del presupuesto del año próximo alrededor de 800 mil millones de pesos. Por eso, ya no va a aumentar la deuda pública. Ese es nuestro compromiso”.
Todo lo que decía López Obrador enchilaba al panismo, que reaccionaba como si fuese personal la cosa. El PAN, que se ha asumido defensor a ultranza de los dueños del dinero, volvió a ser latigueado en el lomo, así: “Se respetarán los contratos suscritos por los gobiernos anteriores, pero ya no habrá más corrupción ni influyentísmo en negociaciones con empresas particulares”.
Se veían como el gato y el ratón. Andrés Manuel, casi en el final de su discurso, dio las gracias a todos los jefes de Estado que habían aceptado su invitación a presenciar la toma de protesta. Comenzó con Mike Pence, luego con Ivanka. Y así se fue yendo, por Centroamérica, Sudamérica, el Caribe; España, Corea… E incluyó, en su lista de agradecimientos, a Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, a quien mencionó como si estuviera allí, presente.
Entonces el panismo se fue hacia el pasillo central y extendió la manta aquella: “Maduro, no eres bienvenido”…
Los panistas, desde allá abajo, alargaban los pescuezos como queriendo traspasar con la mirada el techo del balcón de visitantes, el de la parte alta. Reaccionaban como si allí estuviera Maduro. Se sentían engañados. Les habían las televisoras que Maduro no estaría en San Lázaro, porque volaba todavía. Que se iría, directo, a Palacio Nacional.
No estaba allí el venezolano. El Peje sólo los había fintado. Suficiente fue, sin embargo, para mirarles a contraluz el mucho veneno que traen en el aguijón.
Están que no aguantan los panistas. Ayer continuaron su ruta ominosa: ahora a AMLO lo han comenzado a comparar con Stalin, Hitler, Maduro por supuesto, y con Chávez. ¿Adónde pretende llegar Acción Nacional? Veremos.


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