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TREN PARLAMENTARIO
Sección: Nacional
Fecha de publicación: 29 de Junio de 2018

El frenesí por el envilecimiento del voto (y del Ser Humano)


VICENTE BELLO



Si los cálculos le salen bien al PRI y al PAN, entonces el domingo serán comprados unos cinco millones de votos, que se estarían repartiendo los candidatos presidenciales de aquellos dos partidos políticos… Aunque el primero, al parecer, ya anda pagando en efectivo en tanto que el segundo anda pidiéndolos fiado.
Eso sí, para este negocio, tanto el PRI como el PAN han tenido que echar mano exactamente del mismo común denominador: el cinismo y la desvergüenza, macerado en el amargo caldo de la desesperación más absoluta.
Pero, ¿quiénes son los potenciales clientes o destinatarios del dinero en efectivo del PRI y del dinero prometido del PAN? En esto están, buscándolos con frenesí, en estos precisos instantes de los tres días de víspera de la elección presidencial del domingo 1 de julio.
Sin lugar a dudas, la gente que ahora es perseguida por sujetos con antifaz de mapaches y con el pecho congestionado por la cólera, tiene como sello en la frente la pobreza económica; el sector poblacional, por cierto, que más creció en los tiempos recientes del PRI y PAN en la presidencia de la República.
Esos son, ni más ni menos, los principales destinatarios de la oferta de la compra del voto. Destinatarios doblemente envilecidos y humillados: Uno, por el hecho mismo de ser comprados, como si fueran un objeto, una cosa. Y otro, por el hecho de comprarlos según los miren.
Según el sapo es la pedrada, parecen estar planteándose los mapaches de la compra del voto, porque a unos les dan 500 pesos; a otros 600; a otros, 1000. Y en entidades como el estado de México, de donde es oriundo Enrique Peña Nieto, presidente de la República, hay mapaches que han sido capaces de ofrecer 2,000, o 3,000. O hasta 5,000 pesotes.
Hay que ser justos: no sólo el PRI y PAN andan en la busca frenética de votos, sino también el PRD, como ocurre en Iztapalapa y Nezahualcóyotl, las dos grandes goteras de la Ciudad de México adonde el perredismo anidó de tal modo que virtualmente secuestró sectores importantes de la ciudadanía, persuadiéndola a que ayuden “al partido” en estos momentos difíciles, si no quieren que se vaya a desatar súbitamente el accionar de la delincuencia.
Y es hora, estos momentos, en que el perredismo de esos lares ofrece, como señuelo, hasta 2,000 pesos por voto. ¿Y bajo qué mecanismo? A cada contactado para vender el voto previamente le han entregado un folio impreso en un cartón, que deberán colocar son sigilo, sobre la boleta marcada en el logotipo del PRD el domingo próximo, en el interior de la mampara para el sufragio. Y ya cruzada la boleta, el vendedor del voto entonces deberá tomar una fotografía con su celular, para entonces en algún sitio cercano, pasar a cobrar una cantidad que no les han precisado; aunque el tentador les haya sugerido que “como de 2,000”… Se reservan el derecho de calificar al vendedor del voto y juzgar si le dan 500, 0 1,000… O nada.
Es probable que la gente que en estos momentos está comprometiendo su voto a cambio de dinero en efectivo o bajo promesa (la tarjeta de Ricardo Anaya es una manera de pedir fiado), no sepan que el voto es el único instrumento de poder que tiene el ciudadano en México para decidir no sólo quiénes lo representen sino el rumbo del país.
Durante años, este sistema político controlado por el PRI y amalgamado para servir de instrumento de control de la población, se cuidó bastante bien de no darle mecanismos de poder al pueblo.
Sin embargo, para guardar las apariencias ante el mundo no tuvo otro remedio que darle uno, aunque procuró que éste estuviera siempre acotadísimo: el voto.
La gente, los ciudadanos, el pueblo, sólo puede incidir sobre sus gobiernos y sus gobernantes durante las elecciones. Es mentira que haya otro modo de participar realmente en política en México. El Congreso de la Unión, en su papel de representante popular, siempre en este nuestro sistema político vigente ha sido una auténtica y reverenda farsa. Una carcajada para el pueblo.
Como es un sistema presidencialista, el único poder público real en México es la presidencia de la República. Quien controla la presidencia controla todo el país, y si el titular del Ejecutivo es un rufián pues los demás poderes terminan siendo comparsas, obligados a reaccionar conforme a los intereses y conveniencias del Poder Preeminente de México, la presidencia.
La clase política que controla la presidencia y demás instituciones de la República se han encargado de degradar el sentido del voto a extremos infames. Han hecho que la gente suponga que el voto no sirve, porque –les inoculan la desazón, les envenenan el alma- nada cambia y, además, todos son iguales…
Lo han degradado tanto que mucha gente piensa que un voto es también insignificante. Tan insignificante como se sienten ellos luego de tantos años de laceraciones políticas; tantos años, muchos desde el nacimiento mismo, de ser pobres, que no tienen nada hagan el esfuerzo que hagan, y que, además, se están muriendo de hambre. Entonces el voto cobra significación cuando se tasa en dinero.
Y cuando alcanzan esa significación entonces cuaja el triunfo de los compradores del voto, que ahora pretenden hacer caer a cinco millones de votantes. Pero no les alcanzará, jura Andrés Manuel López Obrador.
Ciertamente, tres días para reflexionar sobre la importancia superlativa del voto, como instrumento de control social sobre los gobernantes, aunque esto sólo sea cada seis años.



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