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TREN PARLAMENTARIO
Sección: Nacional
Fecha de publicación: 25 de Mayo de 2018

La lucha por el Poder Legislativo entre AMLO y sus adversarios


VICENTE BELLO

En los últimos días –y a 36 de la elección del 1 de julio- han comenzado a mirar hacia el Congreso General no sólo Andrés Manuel López Obrador sino también quienes le compiten.
Las Cámaras federales adquirieron estos días una gran importancia para estos comicios. Y lo ha explicado reiteradamente López Obrador porqué: como ya el régimen –personificado en los candidatos del PRI y PAN, y rémoras que a cada uno de éstos les acompañan- prácticamente se dio por vencido de volver a ganar la presidencia de la República, ahora han estado pretendiendo atrincherarse en los territorios del Poder Legislativo, para desde ahí contener a quien muchos dentro y fuera del gobierno ya consideran un virtual presidente electo: Andrés Manuel López Obrador.
Tienen las cámaras federales la fuerza legislativa y política de parar al presidente de la República, pero el presidencialismo mexicano las ha convertido en unas alcahuetas del régimen, que, además, han terminado haciendo lo que el titular del Ejecutivo Federal les ordena.
Las desgracias para el pueblo de México en este sexenio no sólo provinieron de las decisiones de Enrique Peña Nieto, sino también de las decisiones que tomaron tanto la Cámara de Diputados como la Cámara de Senadores.
El Congreso en su conjunto se transfiguró en verdugo del pueblo, y fue un instrumento todo el sexenio de las determinaciones de Peña, sospechosamente arregladas fuera del país.
Un cambio de régimen pasa rigurosamente por la transformación de leyes. Y tendrá en el sexenio venidero una importancia capital, sobre todo si a sus facultades agrega la de tener al presidente de la República en funciones sin fuero.
Como admiten en el PRI y el PAN que ya no podrán parar a Andrés Manuel López Obrador en la elección del 1 de julio, han comenzado a trabajar para intentar pararlo, o incluso descarrilarlo si se puede, desde el Congreso de la Unión en las dos próximas legislaturas: la 64 y 65.
No es ocioso que Movimiento Ciudadano, afín al PRI y PAN, haya solicitado apenas un periodo extraordinario para que el Senado apruebe la quita del fuero, una Minuta que los diputados federales le turnaron el pasado 24 de abril.
Quitar el fuero al presidente de la República sería extremadamente peligroso para AMLO. Ya se lo advirtieron sus correligionarios, pero el tabasqueño jura que no le sucederá nada. Y que proceda la reforma.
Y si como pinta la elección, seguramente lo harán el PRI y PAN antes de que concluya formalmente la 63 Legislatura: en un extraordinario, a celebrar entre julio y agosto, estarían quitando el fuero, para entonces recibir a AMLO con una espada buscándole la cabeza a partir del 1 de septiembre próximo.
Para eso necesitan conseguir mayorías y de esto no están seguros de lograrlo.
Hay dos votaciones principales con las que las cámaras del Congreso toman decisiones: la mayoría absoluta, que consiste en la suma de la mitad más uno, y la mayoría colegiada, de los dos tercios.
La mayoría absoluta, en el caso de la Cámara de Diputados, consiste en 250 votos más uno: es decir, 251 como mínimo, para conseguir cambios aprobatorios a leyes secundarias.
La mayoría de los dos tercios, en San Lázaro, es de 333 votos como mínimo, y este tipo de votación es requerida para cambiar la Constitución.
En el Senado la mitad más uno son 65 votos. Y lo dos tercios son 96.
Entre las votaciones más importantes en ambas cámaras, donde se requiere de la votación absoluta, figuran las de las leyes anuales fiscales.
Enrique Peña Nieto le dio la vuelta a la oposición cuando firmó el Pacto por México con el PAN y PRD. Así, entre los tres, consiguieron fácilmente los votos de los dos tercios para reformar la Constitución.
Así consiguió Peña reformar la Constitución en la materia educativa en diciembre de 2012; así también alcanzó los dos tercios en las dos cámaras para la reforma constitucional en la materia energética en agosto de 2014. Y así consiguió también una docena más de reformas constitucionales que han sido letales para los intereses del pueblo de México.
¿Cómo consiguió Enrique Peña Nieto convencer al PAN y PRD de votar al lado del PRI, como no lo habían logrado nunca antes otro presidente de la República, si desde sus tiempos de gobernador tenía fama de analfabeta funcional y torpe para la negociación política hasta las cachas?
Para muchos todavía este triunfo de Peña es un misterio. Pero para otros no, cuando simplifican diciendo que fue un gran corruptor y tuvo la suerte de encontrarse con dirigentes de esos dos partidos políticos bastante proclives a la prostitución política y económica.
Peña se encontró en el PAN con un individuo terriblemente voraz y ambicioso, como Ricardo Anaya, actual candidato presidencial. Y en las filas del PRD se topó con otros no menos prostitutos de la política como Jesús Ortega Martínez.
Ese comienzo de sexenio fue un auténtico requiebre en la historia de México. Y, al parecer, es lo que pretenderían repetir en la 64 y 65 Legislaturas, para, desde ahí, parar a AMLO.
Lo sabe López Obrador tan bien que tiene varios días pidiendo a la gente que no sólo vote por él para presidente, sino también que el voto sea masivo en favor de los candidatos de sus tres partidos (MORENA, PT Y PES) para diputados federales y senadores.
Sería muy bueno para el nuevo régimen que esas dos mayorías, la absoluta y la colegiada, le favorecieran. Y en eso están.



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