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TREN PARLAMENTARIO
Sección: Nacional
Fecha de publicación: 15 de Mayo de 2018

INE y TEPJF se suman al PRI y PAN a la siembra de la zozobra


VICENTE BELLO


La elección presidencial está a 45 días de su desenlace. Este proceso semeja un barco frágil en medio de una tempestad que arrecia. Y sus guías y sus faros en vez de producir señales tranquilizadoras, parecen arrojar relámpagos y truenos sobre la barcaza, provocando más zozobra e inquietud.
Así podría mirarse al Instituto Nacional Electoral (INE) y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) cuando se pronuncian, refocilándose en una atmósfera política de por sí cargadísima de electricidad.
Y entre tanto, aquellos dos buques enormes que tendrían que estar al pendiente para ayudar al barco a salir sin daños de la tormenta, tienen sus luces apagadas, y sus capitanes son incapaces de emitir no más señales que la señal de la oscuridad.
Estos dos enormes barcos no son otros que la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. A pesar de que tienen un arma poderosísima para hacer que escampara el cielo –la función del control político, también llamada función del contrapeso constitucional-, no la usan, contribuyendo a cargar todavía más de estática a la atmósfera violenta que está aprisionando la elección presidencial.
La semana pasada, Lorenzo Córdova, presidente del INE, hizo un pronunciamiento que provocó polémica: cuando dijo que el INE “se encuentra preparado para el peor escenario el 1 de julio, la posibilidad de una elección cerrada”, de inmediato prevaleció en todo el país la interpretación de que estaría sembrando desde ahora un escenario que mucha gente no ve realmente, pero que le conviene al PRI y al gobierno de Enrique Peña Nieto porque se prestaría a la construcción de un fraude electoral.
Lorenzo ha insistido en más de dos ocasiones en la posibilidad de una elección cerrada. Es decir, una elección en que no haya un candidato vencedor con holgura en votos respecto del que llevare en segundo lugar.
El presidente del INE provocó polémica porque, desde prácticamente el principio del proceso electoral, no se avizora una contienda cerrada. El candidato puntero, Andrés Manuel López Obrador, lleva una ventaja grandísima sobre su más cercano competidor Ricardo Anaya. Ventaja que amplía respecto del tercero.
Todas las encuestas, excepto una, la de Gea-Isa, han coincidido en que AMLO ya se le fue más allá de los 20 puntos, que en votos representan algo así como 12 millones de votos de diferencia.
Gea-Isa acaba de sacar una encuesta en la que coloca a Anaya a seis puntos del puntero. Y justo cuando esto apareció, Lorenzo Córdova parece que se ha montado en la encuesta de marras para salir a decir con prontitud que la elección sería “cerrada”.
Esa casa encuestadora es propiedad de Jesús Reyes Heroles, quien en 2012 se erigió en la encuestadora de cabecera de Enrique Peña Nieto, y fue la que, con sus resultados, más desprestigió a las encuestas en aquella elección presidencial.
Para la mala fortuna de la ya de por sí muy escasa credibilidad de Lorenzo Córdova, este principio de semana ha salido una nueva encuesta: el diario El Financiero ha colocado a AMLO con 46 puntos contra 26 de Ricardo Anaya, y 20 de José Antonio Meade.
Hay una diferencia que no indica, para nada, que vaya a haber una elección cerrada. Sin embargo, este lunes 14, el Tribunal Electoral se ha subido también al carro de Lorenzo, cuando, en voz de uno de sus magistrados, José Luis Vargas Valdez, también atiza el fuego diciendo que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación “está listo para enfrentar una posible creciente judicialización por parte de los actores que buscarán ganar en los tribunales lo que no ganaron en las urnas”.
Vargas da por sentado que la elección, además de cerrada, estaría internándose en el sendero espinoso de su judicialización. Y coloca a la elección presidencial lejos de la posibilidad que muchos suponen que ocurrirá, que Andrés Manuel ganará con un muy amplio margen de votos, de acuerdo con las señales que arrojan las encuestas.
Tanto Vargas como Lorenzo se han colocado justo en la posición que al gobierno y al PRI les conviene: advertir a la gente que sus dos candidatos –el priísta y el panista- no están perdidos ya, y que están compitiendo y pueden ganar, a pesar de que las encuestas colocan reiteradamente a Andrés Manuel López Obrador a más de 12 millones de votos del segundo lugar. Y a más de 16 millones del tercero.
El fraude que haría el PRI y Peña Nieto, ayudado por instituciones afines a ellos como el INE y el TEPJF, consistiría en estos pasos fundamentales: compra de votos, robo de urnas donde los votos sean abrumadores contra el PRI, anulación de urnas mediante la generación de conflictos artificiosos, conteo tramposo del INE, desapareciendo votos reales mediante algoritmos infames.
Estar a 12 millones de votos del primer lugar, representa para el PRI y para Peña Nieto una catástrofe, que quieren subsanar bajando en la gente la percepción de que la distancia con el primer lugar no es tanta.
Así como AMLO se atiene a ganar por nocaut, es decir mediante una votación masiva, con más de 10 millones de votos de diferencia, así el PRI y el presidente Peña Nieto se atienen a robarse cuando menos cinco millones de votos.
Una de las barajas que tiene escondidas en la manga Peña Nieto es la posibilidad de anular la elección presidencial. Y para ello tendría que provocar mediante huestes al servicio del PRI un caos que aherrojara la anulación de miles de urnas.



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