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TREN PARLAMENTARIO
Sección: Nacional
Fecha de publicación: 19 de Mayo de 2017

Los periodistas y las comisiones especiales del Congreso

VICENTE BELLO

Las dos Cámaras del Congreso General tienen sus respectivas comisiones especiales de seguimiento a agresiones a periodistas. La eficacia de ambas es infame a todas luces, a pesar de las buenas intenciones que, en lo individual, tienen alguno que otro diputado y senador, por supuesto los de la oposición al régimen.
La de la Cámara de Diputados tiene el nombre de Comisión Especial de Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medio de Comunicación.
A la de la Cámara de Senadores se le puso un nombre prácticamente idéntico: Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones contra periodistas y Medios de comunicación.
Estas dos comisiones viajan a través de la actual Legislatura como carromatos viejos, y tan desvencijadas e inútiles como dicen que es la “Carabina de Ambrosio”… Nomás para hacer la finta y para simular que los diputados y senadores están preocupados por lo que sucede a los periodistas y a ese derecho constitucional de la población que es la libertad de expresión.
Estas comisiones, como igualmente sucede con el resto de comisiones de carácter especial, están bastante acotadas por la Ley Orgánica del Congreso. No tienen una facultad sustancial que sí tienen las comisiones ordinarias: la facultad resolutiva.
Sólo son equipos interdisciplinarios que se dedican a dar seguimiento informativo a los hechos para los cuales fueron creadas. Y en su camino investigativo suelen padecer muchos portazos de las fuentes de información del gobierno, porque, simple y sencillamente, no tienen el poder constitucional para obligar a dichas fuentes a entregar lo que será, por antonomasia, su materia prima: la información.
Las comisiones especiales –incluso cuando en el comienzo de sus tiempos fueron vistas como un triunfo de la oposición al régimen- han terminado siendo una suerte de adorno parlamentario y político: funcionan para el oropel. Para que el Congreso se pare el pescuezo diciendo que, con dichas comisiones, ahonda en el ejercicio de su función de contrapeso o de control político.
En parte sí lo es; pero también saben los diputados y los senadores que a pesar de que estas comisiones provocan un malestar en las fuentes que son investigadas, no pasan de ser una simulación de rendición de cuentas.
Prueba inobjetable de ello ha sido el trabajo bastante infame de las comisiones arriba mencionadas.
Por más aspavientos que hacen, por más gritos y sombrerazos que dan, estas dos comisiones a veces no han sido capaces ni siquiera de obligar al gobierno federal a que les entregue la información mínima que maneja desde su Fiscalía encargada de las agresiones contra periodistas, Fiscalía dependiente de la Procuraduría General de la República.
Vaya, a veces ni siquiera son capaces de obligar a que el titular de la Fiscalía se apersone ante el pleno de las comisiones para reuniones de trabajo.
Cuando fueron forjadas las comisiones especiales, en aquella reforma a la Ley Orgánica del Congreso de la Unión de 1999, su mera incorporación a la estructura del Poder Legislativo ya fue considerado un triunfo de la oposición.
Entonces también el PRI tenía bajo su control al Congreso, con la ayuda del Pvem y con el apoyo del PAN, un partido que siempre, indefectiblemente, ha votado de acuerdo con los intereses del PRI en los momentos delicados del proceso legislativo.
Verbigracia: Acción Nacional votó al lado del PRI en aquella ocasión, en que se aprobó la reforma a la Ley Orgánica; votó al lado del PRI aquel 12 de diciembre de 1998, cuando aprobaron que la deuda privada, de unos cuantos entre éstos los banqueros, se convirtiera en deuda pública (el Fobaproa); y en muchas otras ocasiones, una de éstas la reforma energética, en agosto de 2014, cuando panistas y priístas se agarraron de las manos y juraban que permitiendo el regreso de compañías petroleras extranjeras habría grandes beneficios para los mexicanos, uno de éstos sería el abaratamiento de las gasolinas y el diesel…
Aquella vez, tanto el PRI como el Pvem y el PAN aceptaron la aparición de las comisiones especiales en el Congreso mexicano, siempre y cuando no tuvieran poder resolutivo, y quedasen sólo como meros equipos emisores de opiniones.
Esta debilidad ha provocado que las comisiones especiales sólo sean el hazmerreír del Ejecutivo Federal. Son como leones viejos y desdentados.
Nunca, comisiones de este tipo, han obligado al Ejecutivo a aportar información que contribuya a una investigación. Es más, ni siquiera las cámaras como tales las apoyan con presupuestos suficientes para la realización de indagatorias que pudieran cimbrar al Ejecutivo.
Están tan acotadas jurídicamente que el PRI se da el lujo de permitir que dichas comisiones puedan ser presididas por legisladores de la oposición, a quienes suelen no hacerles caso sus compañeros de los partidos aquellos, Pri, Pan y Pvem.
Si hay una labor de contrapeso constitucional de estas comisiones especiales es porque se lo deben al trabajo de los diputados y senadores que asumen verdadera condición de opositores al régimen.
Hay legisladores que si bien son de la oposición, al no asumir una posición firme, terminan convertidos en alcahuetes, farsantes o payasos afines al PRI.
Estas dos comisiones de seguimientos a las agresiones a periodistas –como también el resto de comisiones especiales- podrían hacer un papel mejor si se promoviera ya una nueva reforma a la Ley Orgánica del Congreso General.
El PRI y el PAN, tan dados a ocultar información y a manipular la función de control político, lo aceptarían si quisieran que estas comisiones tuvieran el poder suficiente como para obligar al Ejecutivo a informar y a trabajar con eficacia y sin hipocresías.


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